La integración de la economía circular en la producción y exportación sostenible de pepinos representa una oportunidad estratégica para empresas como Víctor Manuel Hortícola para alinear la competitividad comercial con la preservación ambiental y la generación de valor económico a largo plazo. Este enfoque transforma el modelo lineal tradicional —basado en extraer, producir y desechar— en un sistema regenerativo donde los residuos de un proceso se convierten en recursos para otro. En el caso de los pepinos, un cultivo intensivo en agua y nutrientes, aplicar principios circulares permite optimizar el uso de recursos, reducir la huella ambiental y mejorar la aceptación en mercados europeos y norteamericanos cada vez más exigentes con la sostenibilidad.
Países como España, Perú y México, grandes exportadores de pepino, enfrentan presiones crecientes para demostrar prácticas responsables. La tesis doctoral de Brais Suárez Eiroa sobre la integración de la economía circular en el marco del desarrollo sostenible y el estudio de Erika Velásquez y Freddy Salinas sobre las barreras en PYMES de Arequipa coinciden en un punto clave: sin una conexión clara entre objetivos ambientales absolutos y estrategias empresariales, las iniciativas circulares corren el riesgo de convertirse en meras declaraciones de intenciones. La Economía Circular Sostenible y Resiliente (ECSR) propuesta por Suárez Eiroa ofrece un marco teórico robusto que puede aplicarse directamente al sector hortofrutícola.
El concepto de Espacio Seguro de Operaciones (Safe Operating Space) define los límites biofísicos del planeta que no deben ser sobrepasados. Suárez Eiroa amplía esta idea incorporando el Espacio Responsable de Operaciones (ERO), que integra aspectos territoriales, de salud humana y nutrición, trasladando los límites planetarios a escalas nacionales, regionales y empresariales. En la producción de pepinos, esto implica calcular la huella hídrica, el impacto en biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a cada etapa de la cadena de valor, desde la semilla hasta el puerto de destino.
Utilizando principios de distribución per cápita y grandfathering, es posible asignar responsabilidades concretas a productores, cooperativas y exportadores. Esta metodología evita el frecuente error de perseguir un desacoplamiento relativo (producir más con menos impacto por unidad) mientras se mantiene un modelo globalmente insostenible. Para el pepino, cuyo cultivo puede consumir hasta 250 litros de agua por kilo en condiciones convencionales, establecer límites absolutos de recursos se convierte en una herramienta de gestión estratégica fundamental.
La ECSR va más allá de la mera circularidad técnica. Combina tres dominios fundamentales: circularidad, sostenibilidad ambiental y resiliencia. En la producción sostenible de pepinos, la circularidad se materializa cerrando ciclos de nutrientes y agua mediante el uso de digestatos de biogás como fertilizante, el tratamiento y reutilización de agua de drenaje (fertirrigación circular) y el compostaje de residuos vegetales. La sostenibilidad exige ajustar las entradas de recursos no renovables y las salidas contaminantes a las capacidades de regeneración y absorción de los ecosistemas locales.
La resiliencia, por su parte, incorpora siete principios operativos: innovación en diseño, educación continua, mantenimiento de la diversidad varietal, gestión de conectividad entre actores de la cadena, control de variables lentas como la salud del suelo, participación transparente de los agricultores y gobernanza policéntrica colaborativa. Estos principios resultan especialmente relevantes en regiones exportadoras donde el cambio climático aumenta la variabilidad hídrica y la presión de plagas.
Las estrategias circulares específicas para el pepino deben centrarse en dos ejes principales: cerrar el sistema y mantener los recursos en uso el mayor tiempo posible. Cerrar el sistema implica transformar los residuos poscosecha —que pueden representar entre el 15% y 25% de la producción— en nuevos productos de valor: pepinillos fermentados, extractos para cosmética, bioplásticos o incluso ingredientes para alimentación animal. Mantener los recursos activos se logra mediante envases retornables, sistemas de logística inversa y el rediseño de los procesos de empaque para facilitar su reutilización o reciclaje de alta calidad.
La implementación práctica requiere medir indicadores absolutos. No basta con mejorar la tasa de reciclaje de plástico si simultáneamente aumenta el consumo total de recursos. Los estudios analizados demuestran que muchas estrategias de economía circular fracasan precisamente por centrarse solo en el reciclaje sin reducir la extracción de materias primas vírgenes. En el caso del pepino, esto significa priorizar la reducción de la demanda hídrica y de fertilizantes sintéticos antes de optimizar el tratamiento de efluentes.
La investigación realizada en Arequipa revela que las pequeñas y medianas empresas enfrentan barreras internas moderadas pero significativas: resistencia al cambio cultural, desconocimiento técnico, limitaciones financieras y aversión al riesgo. Estas dificultades se agravan por barreras externas como la inmadurez de los mercados locales para productos circulares, falta de transparencia en las cadenas de suministro, competencia desleal y bajo compromiso ambiental de algunos actores.
A pesar de estas dificultades, las PYMES muestran una clara voluntad de adoptar prácticas eco-sostenibles cuando reciben apoyo técnico y financiero adecuado. La comunicación transparente con los clientes internacionales se revela como uno de los factores más positivos. El estudio concluye que las empresas no están suficientemente preparadas para una gestión verdaderamente sostenible debido a estrategias ambientales débiles, lo que subraya la necesidad de marcos integradores como el ERO y la ECSR.
La transición hacia un modelo circular debe comenzar por el rediseño de nuestra producción. Esto incluye la adopción de variedades más resistentes que requieran menos fitosanitarios, la implementación de agricultura de precisión para optimizar el riego y la fertilización, y el establecimiento de biorrefinerías a escala cooperativa que valoricen los residuos. La integración de energías renovables en los invernaderos y sistemas de frío constituye otro pilar fundamental.
En la fase de poscosecha y exportación, las oportunidades circulares son igualmente relevantes. El uso de materiales de embalaje biodegradables o compostables derivados de residuos agrícolas, el diseño de cajas retornables entre productor y distribuidor, y el desarrollo de nuevos productos a partir de pepinos de segunda categoría (jugos, snacks deshidratados, ingredientes funcionales) permiten generar valor adicional mientras se reduce el desperdicio alimentario, que en el sector hortofrutícola supera frecuentemente el 30%.
La medición rigurosa resulta indispensable. Los indicadores deben ser absolutos y no solo relativos. Algunos recomendados para el sector del pepino incluyen:
Estos indicadores deben conectarse directamente con los límites ambientales establecidos en el marco del ERO para cada territorio. De esta forma, las estrategias empresariales dejan de ser voluntaristas para convertirse en herramientas de gestión alineadas con la ciencia del límite planetario.
Los mercados de destino —principalmente Unión Europea, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá— premian cada vez más a los proveedores que pueden demostrar prácticas regenerativas verificables. Certificaciones como GlobalG.A.P. con add-on de sostenibilidad, Rainforest Alliance o las cada vez más exigentes normativas de la UE sobre deforestación y huella de carbono crean una ventaja competitiva clara para quienes adopten modelos circulares.
Además de la prima de precio que pueden alcanzar los productos sostenibles, las empresas que implementan economía circular suelen registrar ahorros significativos en insumos (agua, fertilizantes, energía) y generan nuevas líneas de ingresos mediante la valorización de subproductos. La resiliencia del modelo también reduce riesgos asociados al cambio climático y a la volatilidad de precios de inputs agrícolas.
Para avanzar hacia una producción y exportación realmente circular de pepinos, se recomienda comenzar con un diagnóstico integral que incluya el cálculo de la huella ambiental completa y la identificación de los puntos críticos en la cadena de valor. Posteriormente, es fundamental establecer objetivos absolutos de reducción basados en límites planetarios y territoriales, no solo en mejoras relativas.
La colaboración entre productores, cooperativas, exportadores, centros de investigación y administraciones resulta indispensable. Modelos de gobernanza policéntrica colaborativa, como los descritos por Suárez Eiroa, permiten alinear objetivos y compartir costes de innovación. La formación continua de agricultores y técnicos en principios de ECSR y la inversión en investigación aplicada a variedades, sustratos y biorrefinería de residuos hortícolas deben considerarse inversiones estratégicas y no gastos.
La economía circular aplicada al pepino significa simplemente dejar de tirar lo que antes considerábamos basura y empezar a usarlo como recurso valioso. En lugar de gastar grandes cantidades de agua y fertilizantes para luego desechar tallos, hojas y pepinos imperfectos, podemos reutilizar el agua, convertir los restos vegetales en abono o en nuevos productos, y producir de una forma que cuide el suelo y el medio ambiente. Esto no solo es mejor para el planeta, sino que también puede generar ahorros y abrir nuevas oportunidades de negocio.
Los estudios analizados demuestran que las pequeñas empresas quieren hacer las cosas bien, pero necesitan apoyo, conocimiento y un marco claro que les indique qué objetivos ambientales deben cumplir. Cuando se aplican estos principios de forma coherente, se consigue producir pepinos de exportación que responden a lo que los consumidores conscientes están demandando: productos buenos para la salud, producidos respetando el medio ambiente y generados de forma responsable.
La integración efectiva de la ECSR en la cadena de valor del pepino requiere abandonar el enfoque fragmentado actual y adoptar una visión sistémica que conecte los límites biofísicos (a través del ERO) con los principios operativos de circularidad, sostenibilidad y resiliencia. El uso de indicadores absolutos —no solo relativos— resulta crítico para evitar el greenwashing y garantizar que las mejoras locales contribuyan efectivamente a la reducción de presiones a escala planetaria. La biorrefinería de residuos hortícolas, los sistemas cerrados de recirculación de nutrientes y el diseño para la desmaterialización y desfosilización de la cadena de frío constituyen líneas prioritarias de innovación.
Desde el punto de vista de la gobernanza, es necesario avanzar hacia modelos policéntricos que integren a todos los actores de la cadena —desde el agricultor hasta el distribuidor final— en la definición y seguimiento de objetivos ambientales compartidos. La investigación futura debería profundizar en la cuantificación de los umbrales de sostenibilidad específicos para el cultivo de pepino en diferentes regiones biogeográficas, el desarrollo de nuevos biomateriales a partir de residuos de Cucumis sativus y la evaluación económica integral de los modelos de negocio circulares bajo escenarios de creciente escasez hídrica y regulación ambiental más estricta.
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